martes, 13 de enero de 2009

Todo comenzó en el momento que intercambiaron sonrisas y culminaron en la mirada. No es ese tipo de encuentros casuales y previstos el que voy a describir: es uno fuera de lo normal.

A veces pienso si no fue el destino el que los forzó al encuentro, o si fue la suerte que los acercó a lo perfecto. Podrían haberlo disimulado, pero sus emociones rebalsaban y no querían ahogarse en ese lago apasionado.

Si el choque de miradas fue singular, no me atrevo a contar lo que sucedió después. Se necesitaron años para que sus cuerpos por fin se encontraran, pero bastaron unos pocos segundos para que sus almas se encadenaran, y en un carnaval sin fin de besos fundieron su amor hasta la eternidad… No es el tipo de encuentros comunes el que intento contar; es una de esas coincidencias asombrosas de dos seres encajando perfectamente en plena soledad.

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